Con el Varela al borde del cierre, con el gobierno nacional cuerpeando déficits propios pero asumiendo los que genera la mala leche de los negocios con Venezuela, con una teocracia asesina renaciendo en el yihadismo y Europa sin rumbo cierto, ¿cómo no extrañar a Nelson Pilosof, cuando en el país y en el mundo se eclipsan los valores que él sirvió como hombre y fundamentó como filósofo?