Jánuca en la ética del Sinaí

Jánuca en la ética del Sinaí

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La travesía de 40 años del pueblo judío por el desierto de Sinaí, a su salida de la esclavitud en Egipto, fue trascendental para su devenir histórico, por haber recibido de manos de El Creador en dicho desierto, un código ético y moral revolucionario para la época y que ha sido la columna vertebral que ha permitido a pesar de la dispersión, persecución, expulsión y holocausto sufrido a través de su historia, que hoy se mantenga más unido, vibrante y solidario que nunca. Estos códigos conductuales han sido la esencia, fuente de inspiración y fortaleza inexpugnable del pueblo judío, que ha trascendido a todos los imperios en los últimos tres milenios y cabe resaltar justo en este momento la celebración de la fiesta de Jánuca en donde un grupo de hombres liderado por Yehuda Maccabi, logró derrotar a un imperio poderoso para la época, año 167 aC.

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Jánuca en el Talmud

Jánuca en el Talmud

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El Talmud, relata la interpretación rabínica más popular de Janucá. Se encontró aceite suficiente sólo para un día de encendido de los candelabros del Templo, y ese poco duró ocho días, hasta que salió el aceite nuevo de la prensa. Los rabíes llaman al episodio, el milagro de Janucá y ordenan recordarlo de ahí en adelante, todos los tiempos, encendiendo luminarias durante 8 días seguidos, una velita el primer día y una más cada día, hasta llegar a las ocho.

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Cátedra de Judaísmo 2018: hoy última clase

Cátedra de Judaísmo 2018: hoy última clase

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Hoy martes 4 de diciembre será la última clase de este 17º ciclo de la Cátedra de Judaísmo Nisso Acher de la Universidad Católica del Uruguay. La misma estará a cargo del Soc. José David quien disertará sobre » Los símbolos judíos en la magia de Januca». Como siempre, la clase comenzará a las 19.45 hs.

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Alejandro Magno y el primer milagro de Jánuca

Alejandro Magno y el primer milagro de Jánuca

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Alejandro Magno visitó Israel, uno de los territorios que heredó de los persas. Cuando llegó a Jerusalén exigió lo que se consideraba en esos tiempos un gesto normal de sumisión por parte de los pueblos que ahora formaban parte de su imperio: erigir la estatua de Zeus, el dios superior de los griegos, en el Templo principal. Adorar a los dioses que le otorgaron el triunfo al vencedor, era reconocer al vencedor. Negarse a reconocer a esos dioses se consideraba un signo de rebelión e insurrección contra el vencedor. Todos los pueblos de la región siguieron esta práctica sin ningún problema. Con una sola excepción… Nuestros antepasados se negaron rotundamente a erigir una estatua a un ídolo pagano en nuestro Bet Hamikdash.

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