Llegamos, en los primeros días del corriente mes de diciembre, al Centro de la ciudad de Cracovia, a muy pocas cuadras del Barrio judío de esa milenaria ciudad. Caminar, en las primeras horas de la noche cracoviana por las calles céntricas del barrio judío, algunas de ellas empedradas, fue sentir una sensación única y muy especial. Allí se construyó, durante siglos y hasta la Segunda Guerra Mundial, una de las mayores comunidades y culturas judías, una vida plena de judaísmo religioso y laico, político y apolítico, nacional y universal.