Todos sabemos que el plástico es malo para el medio ambiente. Por eso se inventaron los bioplásticos hechos de materiales renovables como plantas o desperdicios. Estos no se pueden crear en cualquier sitio ya que las plantas que se utilizan requieren agua dulce, un recurso escaso en muchos países. En Israel, justamente es agua dulce lo que falta. Debido a esto, investigadores de la Universidad de Tel Aviv han querido resolver la cuestión y comenzaron a desarrollar polímeros bioplásticos obtenidos de los microorganismos de los que se alimentan las algas. Estos se pueden cultivar en agua salada sin afectar a los escasos recursos de agua dulce.