“Chutzpah”. Si hay una palabra que se escucha insistentemente en Israel para describir a su gente es esa. Significa osadía, descaro, incluso insolencia. Es un ingrediente crucial de la vida cotidiana de este país lleno de contrastes y contradicciones. Y lo consideran una de las tantas razones por las cuales ha logrado superar barreras geográficas, desafíos de seguridad, crisis económicas y la falta de recursos naturales para convertirse en una potencia tecnológica mundial. Esa cualidad es evidente más que en ningún otro lado aquí, en Beersheva, la capital del desierto del Negev, que está viviendo una verdadera revolución: con una población de unas 250.000 personas, se espera que sume otras 100.000 en los próximos años, a medida que este verdadero oasis bíblico emerja como la capital mundial de la ciberseguridad.
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