Ayer el Parlament votó en contra de una resolución vinculada a la solidaridad internacional. Se debatió en comisión, y su finalidad era la defensa de las víctimas, el fin de la ocupación, el boicot a los opresores y el resto de las buenas intenciones. ¿Qué pasó, si todo era bonito, politically correct y estaba enmarcado en la lógica progresista de unos partidos y un Parlament que se preocupan por las víctimas del mundo? Pero no. Resulta que sólo hablaba del boicot a Israel –a sus gentes, productos, medicinas, inventos– con el simplismo clásico de los ignorantes habituales, que reducen el conflicto árabe-israelí a cuatro esquemas maniqueos. Buenos palestinos y malos israelíes, y a ponerse la medalla del buen progre.