En estos días en que se paró el mundo en Catalunya, poco tiempo hubo para asuntos menos inmediatos aunque importantes. Por ejemplo, el disparate que aprobó el claustro de la Universidad Autónoma, y que le otorgó el patético honor de ser la “primera” universidad peninsular en declarar el boicot a las universidades israelíes. Es decir, en aprobar una declaración racista, que estigmatiza a las personas por su origen y que llega al delirio de pedir el boicot a la ciencia. Por supuesto, detrás está una entidad que practica un antisemitismo primario y que ya enseñó su patita racista cuando intentó el boicot al cantante norteamericano Matisyahu por ser judío y no pronunciarse contra Israel.