Un derecho brutalmente violado
La decisión del Presidente de los Estados Unidos de reconocer a Jerusalén como capital del Estado de Israel viola brutalmente uno de los derechos fundamentales de la humanidad contemporánea: el derecho a ser chantajeado, a rendirse caballerosamente ante una amenaza muy creíble de violencia, a respetar los justos reclamos de quienes han dado pruebas fehacientes de su indiscutible vocación para cometer matanzas masivas. El hecho que Jerusalén sea de hecho la capital de Israel porque en ella está las sedes del Gobierno, el Parlamento y la Corte Suprema no cuenta en este caso, por más que sea una costumbre aceptada en el mundo que cada país está facultado para elegir la sede de sus órganos gubernamentales.