Lapidando los principios

Estimado Eduardo: en los últimos tiempos he tenido repercusiones muy diversas respecto a las opiniones que he vertido, fundamentalmente en páginas de este diario, sobre el conflicto de medio oriente. Mi posición actual es de respaldo absoluto a la causa de Israel, lo que no implica necesariamente –y no me canso de subrayarlo– aprobación a todas y cada una (ni siquiera a la mayoría) de las medidas adoptadas por el gobierno de ese país. Me baso en consideraciones mucho más trascendentes.

El problema de las bocazas

Todo comenzó con el Rabino Ovadia Yosef, líder espiritual del partido ultraortodoxo israelí Shas, que en su encuentro semanal con estudiantes y seguidores, dijo que Mahmud Abbas (el Presidente palestino) “es un malvado que odia a Israel” y que “Dios debería golpearlos con una plaga”, agregando que “todos ellos deberían morir”.