«Hace unos años, descubrí que un bisabuelo mío servía en la Luftwaffe mientras otro bisabuelo lo hacía en las SS, siendo destinado en 1939 a Polonia. Allí su unidad expulsó a miles de judíos de sus casas y estuvo involucrado en el fusilamiento de muchos de ellos. Después, supervisó un campo de concentración cerca de Belgrado», confiesa la joven alemana Luisa Lupprich ante centenares de israelíes, entre ellos supervivientes del Holocausto y familiares de víctimas de la maquinaria nazi, que reaccionan con dolor y conmoción a la cruda revelación. El estremecedor silencio que envuelve el detallado relato de Lupprich en el centro de la ciudad israelí de Kfar Saba se convierte en aplauso cuando añade: «El descubrimiento de la verdad sobre mi familia fue un ‘shock’. Cambió mi vida. Decidí elevar mi voz contra del antisemitismo y a favor de Israel».