La rebelión de los canarios
Los mineros tenían, hasta bien entrado el siglo XX una técnica infalible para protegerse en las profundidades de la roca: Los canarios. La pequeña ave, más sensible que el hombre a la falta de oxígeno y a los gases tóxicos moriría primero que este si en las minas hubiesen gases venenosos o demasiado monóxido de carbono. Si los mineros veían a los canarios perecer o asfixiarse sabían que debían abandonar la mina a toda velocidad. El canario era el primero que sufría por un mal que acabaría por matar a todos. En Skopje, en la ex Yugoslavia, encontré una vez un anciano que había sobrevivido la historia erizada de guerras de su país. Me contó el secreto de su supervivencia:
«Cuando los judíos son perseguidos o se escapan – dijo desde su desdentada boca – es hora de hacer las valijas».