Un bolígrafo contra el Holocausto

El 15 de junio de 1940 el consulado de Portugal en Burdeos era un fragmento agravado del caos reinante en la súbita capital provisional de Francia, una vez que la víspera París había caído bajo la bota nazi. Miles de refugiados cercaban el número 14 de la plaza del muelle de Luis XVIII. Algunos se agolpaban dentro de la oficina y en la misma residencia del representante portugués. Allí, en su dormitorio, el cónsul Aristides de Sousa Mendes llevaba dos días encamado. Lo consumía la disyuntiva entre actuar según su ­conciencia para salvar a millares de inocentes u obedecer al dictador Salazar y salvaguardar su futuro y el de su familia de 12 hijos. A la mañana siguiente este diplomático de carrera de origen patricio, católico y dueño de una mansión rural se levantó convertido en un héroe. Se le veía “exaltado y consciente”, en palabras de uno de los funcionarios arrastrados a una indeseada desobediencia por su jefe. En las posteriores febriles jornadas, armado con un bolígrafo y un sello, libró una trepidante carrera contra el tiempo, Hitler y Salazar para conceder millares de salvoconductos en Burdeos, Bayona y en la misma Hendaya.

Europa: los yihadistas se aprovechan de las prestaciones sociales

Un imán libio que pidió a Alá que “destruyera” a todos los no musulmanes recibió más de 600.000 francos suizos (620.000 dólares) en ayudas sociales del Gobierno suizo, según la emisora suiza SRF. Abu Ramadán llegó a Suiza en 1998 y se le concedió el asilo en 2004 tras alegar que el Gobierno libio lo perseguía por su vinculación a los Hermanos Musulmanes. Desde entonces, Ramadán ha reunido 600.000 francos suizos en ayudas sociales, según SRF.

Israel, Siria y la Guerra contra el Terrorismo

El mundo árabe sigue irradiando peligro e inestabilidad; extensas franjas de Oriente Medio y África están desgobernadas; nuevas bandas de islamistas salvajes han eclipsado a Al Qaeda; la guerra civil en Siria sigue encarnizada, y millones de personas desesperadas van de un lado a otro. Las victorias al alcance de Occidente son provisionales e incompletas en el mejor de los casos. Pero deberíamos seguir celebrándolas.