Nunca se habían visto, pero eran amigos en Facebook, conectados a través de miles de kilómetros. Juntos, los dos conocidos digitales –un joven profesor de inglés en Jalalabad, Afganistán, y una funcionaria retirada del departamento de Estado de Estados Unidos que vivía en Haifa, Israel– colaboraron para salvarle la vida a un bebé con problemas cardiacos congénitos.