Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial, Primo Levi se centró en dar testimonio al mundo del horror del nazismo, que él mismo había vivido en primera persona en Auschwitz. Su relato, Si esto es un hombre, fue rechazado por las editoriales. Se encontró con un muro de indiferencia que no caería hasta años después cuando, a partir de los 70, comenzó una labor de recuperación de escritos de la época. Junto con Levi, Imre Kertész es uno de los mayores representantes de este género, la literatura del Holocausto, que nunca debió existir. El premio Nobel a Kertész en 2002 supuso el reconocimiento a toda una generación de la que, sin embargo, quedaban muchas experiencias con nombre y apellido que contar. La crítica literaria y ensayista Mercedes Monmany continúa esta tarea de preservación en Ya sabes que volveré (Galaxia Gutenberg), una reivindicación de las escritoras del Holocausto y su literatura testimonial representadas por Irène Némirovsky, Gertrud Kolmar y Etty Hillesum, miembros de aquella generación sesgada que, a la luz de su legado, «habrían formado parte de la élite intelectual europea del siglo XX».
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