Las Fuerzas de Defensa del joven estado de Israel, pobremente equipadas, lograron frenar la invasión de sus vecinos y salir victoriosas para salvar al novel país, en una lucha pautada por combates cruentos e intermitentes a lo largo de 15 meses en los que murieron 6.000 habitantes de Israel, casi el 1% del total de la población judía del país en aquel tiempo. Setenta años después, la agresión y la amenaza a su existencia como estado independiente siguen definiendo el clima hostil y el entorno explosivo. El enemigo fue cambiando y asumiendo nuevas y más peligrosas formas. Pero, el objetivo de los agresores sigue siendo el mismo: destruir y hacer desaparecer a Israel.