Un país bajo agresión del terrorismo

04/Dic/2017

El País, Por Daniel Rodríguez Oteiza

Un país bajo agresión del terrorismo

“Extendemos nuestra mano a todos los
estados en una oferta de paz y buena voluntad, y los exhortamos a establecer
vínculos de cooperación y ayuda mutua con el pueblo judío soberano asentado en
su tierra». Esa expresión de voluntad de forjar armoniosas relaciones con
toda la región quedó expuesta solo como un deseo genuino en la Proclamación de
la Independencia de Israel, el 14 de mayo de 1948, no porque los líderes del
nuevo país no fueran sinceros ni ese pensamiento dejara de guiar su acción,
sino porque la respuesta que recibieron al anunciar su nacimiento a la vida de
los países libres —en función de la Resolución 181 aprobada por la Asamblea
General de Naciones Unidas, el 29 de noviembre de 1947— fue la invasión lanzada
menos de 24 horas después por los ejércitos regulares de Egipto, Jordania,
Siria, Irak y Líbano. El ataque confirmó la postura asumida por los países
árabes al votar en contra del Plan de Partición del que surgió Israel.
Las Fuerzas de Defensa del joven estado,
pobremente equipadas, lograron frenar la invasión y salir victoriosas para
salvar al novel país, en una lucha pautada por combates cruentos e
intermitentes a lo largo de 15 meses en los que murieron 6.000 habitantes de
Israel, casi el 1% del total de la población judía del país en aquel tiempo.
Setenta años después, la agresión y la
amenaza a su existencia como estado independiente siguen definiendo el clima
hostil y el entorno explosivo. El enemigo fue cambiando y asumiendo nuevas y
más peligrosas formas. Pero, el objetivo de los agresores sigue siendo el
mismo: destruir y hacer desaparecer a Israel.
El peligro es cotidiano y está en casi
todas las fronteras, como pudo ver El País en estos días en el terreno de los
hechos.
En el norte de su territorio, Israel
enfrenta uno de los mayores riesgos. En las zonas situadas al sur del Líbano,
se encuentran combatientes de Hezbollah, la organización alentada por Irán que
tiene un brazo político y uno armado, con el que las Fuerzas de Defensa de
Israel ya se han enfrentado. Los comandos de Hezbollah cometen frecuentes actos
de agresión contra civiles y soldados y cuentan en su arsenal con 120.000
cohetes prontos para ser lanzados contra centros poblados israelíes.
En la frontera con Siria, la acechanza es
de otras características, ya que la guerra en ese país ha generado una
situación de inestabilidad en la que juegan su papel el régimen de Bashar Al
Assad y su ejército, los grupos que combaten a su gobierno, la acción de Rusia,
dispuesta por el presidente Vladimir Putin para sostener a Assad, y la
intervención de Irán.
En ese clima adverso, quizás la parte más
tranquila es la zona fronteriza con Jordania, en gran medida, por la
cooperación entre los dos países, aunque al Rey Abdullah II, le resulta una
tarea difícil mantener la estabilidad de su país.
Por el lado de Egipto, concretamente en el
Sinaí, con el que Israel tiene una extensa frontera, la situación ha cambiado y
no para bien, debido a que la inteligencia militar israelí ha detectado la
presencia y actividad de Al Qaeda y del Estado Islámico.
En la Franja de Gaza, Hamas, que copia las
tácticas y estrategia de Hezbollah, manda, lanza ataques y usa a parte de la
población como escudos humanos, poniendo baterías de misiles y depositos de
armas en casas, escuelas y hospitales, lo que crea enormes obstáculos a las
Fuerzas de Defensa de Israel cuando deben actuar.
Israel, con 21.000 kilómetros cuadrados y
una población de 8.2 millones de habitantes, siempre está alerta. Las Fuerzas
de Defensa adaptaron su estrategia y su manera de operar para hacer frente a
las cambiantes necesidades y peligro que plantean cada día los grupos
terroristas que actúan en varios de los territorios vecinos. En el Centro
Nacional de Entrenamiento —una unidad donde los soldados reciben los
conocimientos teóricos y prácticos de combate al terrorismo— queda en claro que
la estructura militar está capacitada —en virtud del alto nivel intelectual y
de formación de sus oficiales y también por la educación previa al servicio
obligatorio que reciben los jóvenes soldados— para abordar toda suerte de
desafíos, enemigos y tácticas. Allí se advierte, en las instalaciones que
recrean los difíciles escenarios de combate —poblados de países árabes donde se
ocultan y atacan los comandos terroristas y los túneles que construyen Hamas y
Hezbollah para penetrar en Israel— que las Fuerzas de Defensa actúan con
eficacia tanto ante un ataque con cuchillo como para defender al país de
misiles de largo alcance.