Durante los últimos meses, Santino Guglieri, de 12 años, trabajó en una misión. Con un trapo y un producto limpiador, fregó todas las esvásticas que encontró pintadas en las paredes, sillas y escritorios de su colegio, el Nacional de Paraná. Como respuesta, recibió más símbolos nazis, dibujadas en su propio banco. Y cuando terminó el año escolar, le mandaron uno al celular.