Ori nació ciega, pero nunca permitió que eso la detenga. Asistió a una escuela normal, tomó exámenes de matriculación, participó en viajes anuales e incluso viajó a Polonia con sus compañeros de clase. “Cuando los demás me ven que me organizo como todos y que no me avergüenzo de mí misma, entonces me tratan como a un igual”, dice. Por lo tanto, enrolarse en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) con el resto de sus compañeros fue natural para ella y para todos los que la conocen. “Mis amigos se alistaron en el ejército y era obvio que yo también lo haría”, continúa.