A pesar de su historial nazi, Josep Karl Silberbauer, miembro de las SS, los escuadrones de la muerte de Hitler, pudo trabajar para los servicios secretos de la República Federal de Alemania después de la II Guerra Mundial. No fue el único. Según una investigación efectuada por la revista alemana Focus, otros 200 autores de crímenes contra la humanidad en el Holocausto fueron espías en Alemania occidental durante la guerra fría. El caso de Silberbauer es singular porque su hoja de servicios incluye un dato trágico. Él mismo se encargó de arrestar en Ámsterdam a la familia de Ana Frank, la niña judía autora del famoso diario que lleva su nombre.