Dirigentes árabes que enfrentan revueltas públicas han concluido con creciente frecuencia que es mejor tirar a matar, o cuando menos arrestar y encarcelar, que abdicar y huir. Los pueblos están dispuestos a ganarse la libertad con su sangre. Todo parece indicar que ese cálculo se fundamenta en los resultados de la Primavera Árabe en el corto plazo. Quienes han huido, como el ex presidente de Egipto, Hosni Mubarak, enfrentan la humillación de una investigación penal, un juicio y posiblemente la cárcel. Quienes han optado por ceñirse al uso de la fuerza, como el presidente de Yemen, Ali Abdulá Salé, han conservado el poder y al parecer tienen influencia para negociar inmunidad si terminaran por irse, comentaron analistas regionales.