Trípoli amaneció ayer cruzada de versiones de tono definitivo sobre la huida del dictador Muammar Kadafi, su hijo Saif y una nutrida delegación de cortesanos y jefes militares con rumbo a Níger y destino final en la empobrecida Burkina Faso. Una caravana de entre 50 y 150 vehículos, dependiendo de las versiones, con gran poder de fuego y cargados de oro en lingotes y cofres de dinero en efectivo, cruzaron a primera hora la frontera. El rápido tránsito del convoy fue confirmado por el gobierno de Níger, otrora aliado de la dictadura libia. Pero el canciller de ese país, Bazoum Mohamed, negó que Kadafi y su hijo estuvieran en esos vehículos, según le dijo a la cadena Al Arabiya . El locuaz vocero del dictador, Moussa Ibrahim también desmintió que su jefe estuviera fuera del país. No sólo por la escasa confianza que se le tiene al portavoz de Kadafi, no quedó en ningún momento claro el propósito de esa caravana. Y la ciudad, así como despertó, se fue a la cama con la sensación de que algo grande se fue en esos blindados.