Tres micrófonos y dos banderas israelíes flanqueando el retrato del fundador del sionismo, Theodor Herzl, siguen hoy dispuestos en un salón de una de las primeras casas de Tel Aviv, exactamente como los prepararon aquel viernes de 1948 para leer la declaración de Independencia del Estado de Israel. Declararla en Jerusalén estaba descartado, inmersa en enfrentamientos entre judíos y árabes tras la aprobación del Plan de Partición de 1947 que dividió el mandado británico de Palestina, rechazado por las poblaciones locales. Así que buscaron localizaciones seguras en Tel Aviv, ciudad fundada en 1909 antes de la creación del propio Estado, donde la que fuera vivienda del alcalde, Meir Dizengof, convertida en 1932 en el primer Museo de Arte como último deseo de su fallecida mujer, acogió el emblemático evento hace hoy setenta años.