No se puede silenciar el drama sirio
PESE a declamar permanentemente que la defensa de los derechos humanos constituye una prioridad central de nuestro gobierno, incluyendo la política exterior, lo cierto es que nuestras autoridades no reaccionan como deberían ante la tremenda gravedad de los crímenes que está cometiendo el régimen de Bashar al-Assad contra su propio pueblo, en las calles de las ciudades de Siria y ahora también en su campiña.