No se puede silenciar el drama sirio

PESE a declamar permanentemente que la defensa de los derechos humanos constituye una prioridad central de nuestro gobierno, incluyendo la política exterior, lo cierto es que nuestras autoridades no reaccionan como deberían ante la tremenda gravedad de los crímenes que está cometiendo el régimen de Bashar al-Assad contra su propio pueblo, en las calles de las ciudades de Siria y ahora también en su campiña.

Marcharon contra el racismo y, en especial, por el nigeriano golpeado

«¡No más racismo, no más impunidad!», gritaron ayer frente a la Suprema Corte de Justicia unas 50 personas de organizaciones afro, que exigen Justicia por Tommy Daria, el joven nigeriano que fue golpeado por patovicas en un boliche de la Ciudad Vieja. El punto de encuentro de los manifestantes fue frente al Juzgado de la calle Bartolomé Mitre y Buenos Aires, a las 15 horas, desde ahí hombres, mujeres y niños marcharon con pancartas y cánticos por la avenida 18 de Julio hacia la Suprema Corte de Justicia.

El presidente israelí Simón Peres fue reconocido por la comunidad beduina

“Un beduino, un amigo”, se podría decir parafraseando a la popular publicidad del Ministerio de Turismo de Uruguay. La comunidad beduina de Hura, en el desierto del Neguev (sur de Israel), le otorgó el título de “jeque” (“sheij” en árabe) a Simón Peres, actual presidente y ex primer ministro (el único en la historia israelí que ocupó ambos cargos de gobierno), de 87 años de edad, quien además obtuvo el premio Nóbel de la Paz en 1994.