Médicos del Hospital Hadassah estuvieron en Uruguay con el objetivo de promover la creación del primer centro interdisciplinario de fibrósis quística

“Alguien que estudia con vocación de llevar a la práctica aquello que aprendió, se le da la oportunidad de estudiar, de enseñar, de observar y de hacer”, afirma el Pirkei Avot, el más popular de los tratados del Talmud. Esta afirmación define la actividad diaria de los médicos del Hospital Hadassah de Jerusalem, quienes estuvieron en Montevideo del lunes 21 al jueves 24 de noviembre de 2011 con el objetivo de formar a profesionales médicos, pacientes, y sus familiares, en cómo combatir una terrible enfermedad genética: la fibrósis quística y para promover la idea de crear un centro de atención de la enfermedad en Uruguay.

Enrique Iglesias recibió el «Premio Morosoli» de oro

La estatuilla de oro de la 17 a edición de los Premios Morosoli a la Cultura uruguaya quedó en manos del economista Enrique Iglesias, reconocida figura del ámbito nacional e internacional en aspectos económicos y diplomáticos. Nacido el 29 de marzo de 1930, en Asturias, Iglesias emigró a nuestro país con toda su familia a la edad de 4 años, por lo que hoy se define a sí mismo como «un uruguayo nacido en Asturias». Hijo de la enseñanza pública, ha consagrado su vida como servidor público con un compromiso permanente, imprimiendo valores de justicia y humanismo en sus diversas actividades.

Racistas, pero ”blandos”

Las palabras que le propinó el futbolista Luis Suárez a Patrice Evra, de origen franco-senegalés, refiriéndose a su condición de «negro», en medio de un partido de la liga inglesa, desató una polémica que sobrepasó los límites futbolísticos. Para algunos, la reacción de Suárez responde a patrones culturales, ya que la sociedad uruguaya padece de un racismo naturalizado que perpetúa la situación de vulnerabilidad social de la comunidad afrodescendiente.
Para el sociólogo Rafael Porzecanski, especialista en estudios de etnicidad y raza, cualquier comentario que identifique a una persona por su color de piel y se le degrade por esa condición es «una agresión de corte racista», aunque no necesariamente la persona que profiere el insulto sea «activamente» racista en todas las esferas de su vida. Lo calificó de «racismo blando». Sin embargo, «cuando en una cancha se grita gordo, judío o negro de mierda se está de alguna forma retransmitiendo una creencia popular donde se le asigna un valor negativo a ciertos atributos físicos, fenotípicos o étnicos de una persona».

La segregación cotidiana

“No me toqués, negra sucia”, fue lo que escuchó Luciana en pleno ómnibus. El insulto vino de una joven blanca y rubia que estaba sentada junto a la ventana y que quería bajarse. Minutos antes ya había manifestado resistencia a la compañía de esta mujer brasileña (instalada en el país hace 12 años) al arrinconarse contra la pared para no tener contacto físico. “Ella me humilló sin conocerme. Me hizo pasar una vergüenza que nunca voy a olvidar. Por mí y por todos los negros del mundo tenía que hacer algo”, dijo Luciana a El Observador.