Por si a Israel no le alcanzaran dolores de cabeza como el poderío nuclear iraní, los ataques con misiles desde la Franja de Gaza de los que la prensa mundial no se molesta en informar, la tumultuosa ola fundamentalista en el Medio Oriente árabe, la negativa palestina a negociar sin condiciones previas, la posibilidad de un golpe militar de Hezbollah en el Líbano y la incertidumbre en las relaciones con Egipto, el más poderoso de los países árabes y junto con Jordania, el único con el cual tiene un tratado de paz, Israel debe afrontar una amenaza interna, que a juicio de un ex director del Mossad, la agencia de inteligencia israelí, Efraín Halevi, es más peligrosa que la bomba iraní: el incremento de la influencia ultra-ortodoxa, cada vez más radical en sus exigencias.