«Hay 3.500 personas adentro», dice un sargento turco que vigila el campo de refugiados de Boynuyogun, el último que las autoridades turcas y la Media Luna Roja han establecido para acoger a los miles de sirios que huyen de la represión del régimen de Bashar Al Asad.
Boynuyogun se ha levantado prácticamente sobre la frontera, apenas a cinco kilómetros del llamado Embalse de la Amistad Turco-Siria, inaugurado en febrero por los gobiernos de ambos países entre grandes fastos y signos de cooperación.