Uno ha aprendido que los judíos tienen devoción a la sabiduría pero duda, joven sabra, si hoy conoces bien tu historia. Porque oye también, y no sabe si creer, que Israel sufre idénticos males en la enseñanza que las sociedades occidentales. Conviene quizá alegrarse, porque ¿no es esta «normalización» ser «como las demás naciones», una de las razones siempre dadas para tener un Estado? O preguntarse, como acaso harán tus abuelos, si era para descansar de la exigencia, que eternamente acompañó a los judíos, para lo que necesitábamos el Estado de Israel.