Al antisemita no le importa si rezas en una sinagoga o no, si apoyas a Netanyahu o a Gantz, si eres comunista o anarquista. Le importas tú, con tu sangre, con tu historia. Y esa lección, los judíos la hemos aprendido a base de cadáveres. Sería un bonito gesto que el resto del mundo también la aprendiera. Antes de que sea demasiado tarde.