A pesar de que la política internacional es un saco roto de esperanzas, hay momentos en que la actualidad se escribe con vivos colores y los pueblos disfrutan de un insólito descanso. Es entonces cuando la historia conquista su mayúscula y brilla intensamente. Personalmente viví uno de esos momentos en la noche en que Berlín destruyó su trágico muro y abrazó el futuro. Me recuerdo borracha de emoción, hermanada a esa ciudad y a esa gente cuyo corazón fragmentado había representado el alma destruida de Europa. Esa noche y en esa ciudad viví la extraordinaria fuerza de la historia. ¿Cuántos en Yuba, o en cualquier otra ciudad del sur sudanés, habrán vivido estos días esa misma fuerza esperanzadora?