En Israel, multitudes van a ver la película iraní ganadora del Oscar “Una separación”, del director Asghar Farhadi, quien en su alocución al recibir el máximo galardón cinematográfico dedicó su película “al pueblo de mi país que respeta a todas las culturas y civilizaciones y desprecia la hostilidad y el resentimiento”. Esa obviamente no fue la posición oficial. El gobierno iraní celebró el premio como una victoria contra la película “rival” del “régimen sionista” “Nota al pie de página”. Pero claro está, en Teherán no se exhibe la película israelí que fue nominada para el premio Oscar. Para la dictadura teocrática iraní, Israel es el enemigo jurado y cualquier acceso a su cultura debe estar prohibido. ¿Por qué? ¿De dónde nace esa hostilidad? Sin duda, la raíz es religiosa pero su instrumentación tiene claros objetivos políticos.