Según una encuesta de finales de marzo llevada a cabo por el New York Times y CBS, siete de cada diez estadounidenses considera que las tropas de su nación no debieran permanecer en Afganistán. El dato refleja cansancio popular con la prolongada presencia norteamericana en el caótico país musulmán, y es posible que tres hechos recientes hayan tenido su impacto en la opinión pública local. El primero concierne a un video que mostraba a soldados estadounidenses orinando sobre cadáveres de supuestos talibanes abatidos. El segundo refiere a la destrucción por fuego de libros del Corán en una base militar en las afueras de Kabul, lo que se atribuyó a un error o a una preocupación por presuntos mensajes ocultos de la insurgencia en el texto sagrado. El tercero comprende a un sargento norteamericano que súbitamente masacró a diecisiete civiles indefensos en Kandahar. Cada uno de estos hechos provocó reacciones airadas por parte de la población afgana, tensó las relaciones entre los gobiernos de ambos países y afectó el delicado diálogo entre Washington y los talibanes. En conjunto, no podían dejar de tener un impacto directo en la percepción colectiva estadounidense sobre el devenir de esta guerra.