Al cumplir los 13 años de edad, en 1948, festejó su bar mitzvá y pudo cumplir con un sueño: comprarse una trompeta con sus propios ahorros. En ese momento era un joven inmigrante que trabajaba, junto a sus padres, en uno de los tambos montevideanos que por ese entonces existían. Esa trompeta es hoy un elemento decorativo que atesora su hija, pero para él ese instrumento de viento es el sinónimo de esos objetos tan preciados que siempre acompañan a sus dueños. Gran parte de los 76 años de vida del trompetista Rodolfo Schuster han transcurrido con la compañía de esa dorada trompeta y la música que ambos siempre disfrutaron: el jazz.