Con un abrumador poderío, Bashar Asad podría aferrarse al poder durante años, negándole espacio para el desarrollo de una dirigencia coherente y efectiva, con base en información de analistas, diplomáticos y sirios involucrados en la insurrección. Sirios y analistas regionales dicen que la sola fuerza tiene pocas probabilidades de erradicar lo que se ha convertido en una insurgencia difusa e impredecible. Amplias áreas del país son territorio hostil para tropas del gobierno, al tiempo que atacantes han logrado impactar centros de poder, incluso en la capital, Damasco.