Los recientes asesinatos cometidos en Francia por parte de Mohamed Merah y la polémica con el imán de Terrassa (aconsejaba golpear a las mujeres que no se «comportasen» y daba recomendaciones de cómo hacerlo sin dejar huellas) han motivado que las fuerzas de seguridad estén más alerta que nunca en Cataluña y que se aumente el control sobre los líderes religiosos, especialmente los que se enmarcan dentro del salafismo, la corriente más radical dentro del islamismo y de la que han encontrado una buena base en las cuatro provincias catalanas.