Hace dos semanas, un sheik que odia, Edgardo Rubén Assad, nacido en la Argentina, negó desde Irán que hubiera sucedido el Holocausto judío. No es difícil hacerlo en Teherán porque el mismo gobierno ha declarado que nunca existió. De inmediato reaccionaron entidades de la comunidad judía. ¿Vale la pena acallar o cuestionar a un fundamentalista que no está solo en este mundo? ¿No hay acaso evidencias horripilantes y de todo tipo de las ejecuciones en masa en los campos de exterminio? ¿No hay montañas de documentación que confirma la industrialización de la muerte? ¿Qué es lo que se discute? ¿Para qué sirvió el juicio de Nuremberg?