Estamos esta noche conmemorando el 16º aniversario del atentado a la sede central de la colectividad judía argentina. Esta conmemoración nos trae siempre una cantidad de sentimientos y reminiscencias.
Estamos esta noche conmemorando el 16º aniversario del atentado a la sede central de la colectividad judía argentina. Esta conmemoración nos trae siempre una cantidad de sentimientos y reminiscencias.
Ana vive en Israel desde hace 31 años. Está casada y tiene tres hijos. Es periodista, corresponsal de varios medios de prensa y analista especializada en temas del Cercano Oriente; los lectores de LA REPUBLICA la conocen por sus polémicas notas de opinión.
Para muchos la cinematografía israelí nos pueda parecer casi desconocida, sin embargo, en los últimos años, Israel ha producido una serie de películas de gran calidad que reflejan la complejidad de un país situado permanentemente en el ojo del huracán, vista con mucha honestidad, no exenta de autocrítica y, muchas veces, con una buena dosis de humor. De manera que rompiendo con prejuicios y estereotipos, nos permite comprender mejor la situación en el Cercano Oriente, más allá de la información de los noticiarios y acercarnos a sus habitantes con una mirada transparente y lúcida de un grupo de directores de cine jóvenes y muy creativos
Nacido en Nueva York hace 42 años, pero radicado con su familia en Israel desde bebe, Eytan Fox despertó un creciente interés en el circuito internacional de cine arte.
En «Caminando sobre el agua» -un guión escrito por su esposa Gal Uchovsky- incursiona, en una compleja historia que vincula lo íntimo con lo político, el presente con el pasado, la violencia propia del fanatismo con la posibilidad del entendimiento y la redención.
Michale es una mujer de treinta años que trabaja en Tel-Aviv en una oficina de contabilidad que proporciona servicios a instituciones religiosas. Divide su tiempo entre su hijo, su marido, su trabajo y el hombre con quien ella tiene una aventura amorosa. Pero una circunstancia trágica dará un vuelco a su vida.
Se trata de uno de los primeros filmes israelíes que mira crítica y humanamente hacia el barrio Havtika de Tel Aviv, abordando dignamente el universo sefardí. Se capta la fisonomía de este barrio donde la película está rodada principalmente, su arquitectura piedra a piedra, donde la belleza está ligada a la riqueza y a la generosidad de la población.