Horroriza pensar que los seres humanos puedan ser incompatibles y más aún que no haya ninguna posibilidad de que la situación cambie en el futuro. El comprensible rencor que se genera cuando se tienen amigos, familiares o personas cercanas afectadas por todo lo que sucede en este rincón de Medio Oriente puede hacer que el horror sea eterno. El odio y la violencia no dejarán lugar a otras opciones. La diferencia cultural, la religión y el fanatismo sólo ayuda a profundizar la incompatibilidad. Miles de niños han nacido durante las últimas cuatro décadas en la Franja de Gaza y en Cisjordania en una situación que los palestinos llaman “bajo la ocupación israelí”. Algunos que ya tienen entre 20 y 40 años han participado, generado o visto las atrocidades de la guerra. Pero hay también muchos que han lucrado con ello, que se han apropiado de sus bienes, de los aportes recibidos con otros fines, pero sobre todo de sus vidas. Muchos de ellos se han convertido en terroristas por imposición o por convicción.