Bashar Assad, tirano hijo de tirano y aspirante a perpetuar la dinastía, creía que le bastaba abrir la boca para que se hiciera la luz; que reprimir una manifestación, por ejemplo, era simple cuestión de coser y matar, ya que de casta le viene al galgo, y pocos modelos al respecto mejor que el de casa, o sea, su padre. Y reprimida una, reprimidas todas, parecía decirse, pues la cosa, seguro, crea precedente, y ya será como si se reprimieran solas.