Ayer los uruguayos celebramos nuestro aniversario número 181. Pero otro 18 de julio, el de 1994, un hecho luctuoso ocurría en Buenos Aires: el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) era objeto de un atentado con explosivos que lo redujo a escombros y cobró la friolera de 85 víctimas inocentes. Los muertos no tenían responsabilidad alguna en el conflicto del Medio Oriente y los había de todos los credos. No fue un atentado contra un objetivo militar sino un acto de barbarie contra una asociación civil. Fue una acción terrorista, se la mire por donde se la mire, sin ninguna justificación; fue un acto cobarde y repugnante que generó la indignación y la condena unánime de todo el mundo civilizado.