Es una jugada de riesgo. Mahmoud Abbas sabe que si pide mañana en la ONU el reconocimiento al Estado palestino, Estados Unidos puede cortar la asistencia financiera sin la cual no podrá pagar sueldos ni mantener servicios básicos, mientras que Israel puede bloquear los pasos fronterizos incrementando la asfixia económica. Pero también sabe que la presión sobre Washington y Jerusalén es grande. Lo que había avanzado la imagen norteamericana en el Oriente Medio con el apoyo a las rebeliones árabes, puede revertirse si Obama muestra que, como sus antecesores, siempre cede ante la política israelí de hechos consumados pero es intransigente con los palestinos. En cuanto a Israel, que ya no tiene a Mubarak en el Palacio de Heliópolis, ve caer a los déspotas impresentables que resaltaban el contraste con la democracia judía, y pierde velozmente la alianza con Turquía, sentirá el impacto porque la jugada de Abbas agravaría su aislamiento regional. Sobre todo si estallaran nuevas intifadas, que ahora serían percibidas como parte de la Primavera Árabe.
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