En su libro «Faith and Power», el orientalista británico Bernard Lewis sostiene que la religión musulmana siempre cumplió un papel fundamental en los procesos políticos de la zona. Sin embargo, políticos y periodistas poco informados pecan al diagnosticar y al simplificar la naturaleza del conflicto desde una óptica «territorial» cuando se trata de un enfrentamiento netamente «religioso». Al catalogar el conflicto usando un prisma materialista, consiguen, indefectiblemente, un constante fracaso analítico. Probablemente, estos periodistas o políticos sufran la influencia del «materialismo histórico» a la hora de explicar el oriente medio. Para ellos, los conflictos se explican por una disputa por territorios, riquezas o bienes. Los reconocerán por su forma de hablar. En su discurso hablarán y culparán largo y tendido a la «ocupación» israelí. Todo se explica por la ocupación. Realizando un fracasado paralelismo con el imperialismo europeo en África, suponen que el pueblo judío ocupó ilegalmente una tierra que no le pertenecía siendo que la solución al conflicto se concretará cuando se lleve a cabo una descolonización. Ningún dato empírico les convencerá de lo contrario, «el conflicto es por la ocupación israelí», no repicarán. El problema principal con su tesis es que simplemente no logra explicar absolutamente nada de lo que ha sucedido en el oriente medio en el último siglo.
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