Uruguay ha tomado la decisión política de votar, en el seno del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, a favor de enviar una misión investigadora a Israel, con el propósito de determinar el impacto que, en materia de derechos humanos, tiene el establecimiento de colonias judías en territorios ocupados por ese país. Es una decisión inconveniente, está llamada a tener efectos contrarios a los procurados, y perjudica los intereses del país en materia de política exterior. Que es inconveniente lo expone el hecho de que la posición oficial uruguaya coincide con su reticencia a apoyar similares mecanismos de contralor en esa materia en el caso de Irán, o su resonante silencio (equivalente a un verdadero patrocinio) frente a la sistemática violación de los derechos humanos en Cuba. No le toma a nadie sino unos segundos darse cuenta de que, en esta materia, Uruguay ha dejado de sustentar una posición de principio, optando por apañar a quienes se siente más afines, y denunciar a quienes se siente más distantes.
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