Los yarmulkes (solideos) se balancean mientras las voces se inflaman en una canción sagrada llevada desde la antigua Judea a los campos escénicos de un pueblo lejano del sureste africano que es la cuna de una «tribu perdida» de Israel.
Los yarmulkes (solideos) se balancean mientras las voces se inflaman en una canción sagrada llevada desde la antigua Judea a los campos escénicos de un pueblo lejano del sureste africano que es la cuna de una «tribu perdida» de Israel.
La visita a Israel del sociólogo y abogado Pablo Mieres, presidente del Partido Independiente, lo convenció de que el conflicto en Medio Oriente era más difícil de entender de lo que pensaba. Por eso volvió con la idea de que la actitud a tomar al respecto es la de la «humildad», ya que el «puzzle» a armar es muy complejo, aunque haber visitado Israel le permitió agregar unas cuantas piezas más a ese rompecabezas.
Hace pocos días, en un mitín electoral en El Cairo, el ex Secretario General de la Liga Arabe Amr Musa, considerado el candidato preferido para los comicios presidenciales en Egipto, declaró que el acuerdo de paz con Israel está “muerto y sepultado”. Si bien al día siguiente o a los dos días aclaró que el acuerdo será respetado, lo sucedido es motivo de preocupación.
Decía el gran economista Schumpeter que había cuatro tipos de países: los desarrollados, los subdesarrollados, Japón y Argentina. Sin duda lo dijo antes de que existiese Israel -murió dos años después de su creación-, porque si no hubieran tenido que ser cinco tipos. Israel es una categoría por sí sólo. Dos milenios brindando por “el año que viene en Jerusalén” y emigrando de un sitio para otro de grado y la mayor parte de las veces por ignominiosa fuerza, pero casi nunca a la vieja capital, en donde, por otro lado, a lo largo de todo ese tiempo, nunca dejó de existir una pequeña colonia judía, que tampoco dejó de recibir desde finales del siglo XV pequeños refuerzos no menos forzados, que a lo largo de los cinco siglos siguientes continuaron hablaron en ladino (latino), el idioma que habían traído consigo, el castellano de los Reyes Católicos.