El santo grial, la copa de la que bebió Jesús en la última cena, probablemente no era de cristal ni de metal, sino de piedra caliza, el material purificador preferido entre los judíos de la primera mitad del siglo I para su vajilla. Lo explicaba en tono profesoral Gideon Avni, jefe de la división arqueológica de la Autoridad de Antigüedades de Israel, durante una inusual visita de la prensa al sanctasanctórum de sus investigaciones, que alberga más de un millón de restos de la antigüedad localizados dentro del Estado hebreo desde su nacimiento en 1948.