La Autoridad Palestina haría bien en no fiarse de Hamas si no quiere que el extremismo islamista termine por engullirles y, de paso, se lleve por delante cualquier oportunidad para la paz.
La Autoridad Palestina haría bien en no fiarse de Hamas si no quiere que el extremismo islamista termine por engullirles y, de paso, se lleve por delante cualquier oportunidad para la paz.
No es casual que la bandera de Israel ondeara en las últimas manifestaciones kurdas a favor de su independencia. Como tampoco que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sea el único líder en Oriente Próximo que haya apoyado de forma pública el referéndum que se celebra este lunes. El apoyo israelí a los kurdos se explica mirando al pasado (buenas y básicamente secretas relaciones) y al presente y futuro (geopolítica). En otras palabras, una alianza con altibajos basada en la cooperación del pasado y los mapas del presente.
Este país del Oriente Medio, condicionado por una falta endémica de recursos hídricos y que se agrava por la elevada densidad de población y ante la necesidad de garantizar el riego para una agricultura intensiva, ha tenido que recurrir a nuevas tecnologías para garantizar el abastecimiento de agua para la mayoría de sus demandas.
El rey de Bahrein, Hamad al Khalifa, que ha denunciado los boicots contra Israel y aprobó visitas al Estado judío, es autor de un documento histórico que pide tolerancia religiosa. La Declaración de Bahrein sobre la Tolerancia Religiosa, descrita por el Centro Simon Wiesenthal (SWC) como un “ataque llano contra el terrorismo”, escrito por el rey Hamad al Khalifa de Bahrein, fue hecha pública la semana pasada en un evento histórico copatrocinado por SWC en el Beverly Wilshire Hotel en Los Ángeles.