Hace ahora setenta años, el Comité Especial de Naciones Unidas para Palestina presentó a la Asamblea General de la ONU una exhaustiva propuesta de división de Palestina en un Estado judío y otro árabe que fue aprobada, menos de tres meses después, con 33 votos a favor y 13 en contra. No sería la última vez que un esfuerzo internacional concertado para resolver el conflicto israelo-palestino topara con el escollo del rechazo árabe. Los árabes musulmanes condenaron duramente el plan de partición de la ONU –y, en términos más generales, la propia idea de un Estado judío en cualquier parte de Palestina– y lucharon por la victoria completa. Siguiendo el principio tribal de que los más cercanos deben unirse contra los más lejanos, la oposición a los judíos fue de tipo jerárquico y también religioso. Los judíos no eran parientes y, aun peor, eran infieles.