Judíos estadounidenses se unieron a musulmanes y judíos alemanes para participar de la “Kippah Walk” (marcha de la Kipá-gorra ritual judía) que recorrió el corazón de Berlín en una muestra de solidaridad con los judíos en la capital alemana.
Judíos estadounidenses se unieron a musulmanes y judíos alemanes para participar de la “Kippah Walk” (marcha de la Kipá-gorra ritual judía) que recorrió el corazón de Berlín en una muestra de solidaridad con los judíos en la capital alemana.
El odio antisemita que produjo el atentado de hace 24 años, fue el odio que destruyó la Embajada de Israel en esta ciudad dos años antes, y es el odio que después multiplicó actos terroristas contra civiles en Europa, Estados Unidos, Lejano y Cercano Oriente. Cuando el líder de un país (Irán) que ocupa un sillón en Naciones Unidas escribe: “Israel es un tumor canceroso maligno en la región de Asia occidental que debe ser eliminado y erradicado: es posible y va a suceder”, incita, provoca y genera acciones de odio no sólo de sus seguidores sino de otros países que siguen sus pasos de fobia antisemita.
Días atrás finalizó en el Instituto Internacional de Liderazgo de la Histadrut (Confederación General de Trabajadores de Israel), un curso sobre «Medios de Comunicación para la paz en zonas de conflicto», que contó con la participación de 25 periodistas de 16 países latinoamericanos. Entre ellos estaba nuestro compatriota Nelson Fernández, de vasta trayectoria en el periodismo nacional.
En julio de 2006, ni israelíes ni libaneses pensaban que podría haber una guerra, pero se equivocaron, y esa conflagración, cuyo duodécimo aniversario se celebra hoy, «modificó el tablero geopolítico de la zona», valoró a Efe Uzi Rabi, director del Centro Moshé Dayán para estudios de Oriente Medio y África de la Universidad de Tel Aviv. «Israel no conquistó nada, sólo golpeó duro a Hezbollah, y sin embargo la guerra fue en realidad contra Irán. El cambio en el mapa geopolítico es que los países árabes de la zona apoyaron a Israel», indicó. En tanto, los libaneses consideraron al final del conflicto que fue una “victoria de Alá”.