El odio antisemita que produjo el atentado de hace 24 años, fue el odio que destruyó la Embajada de Israel en esta ciudad dos años antes, y es el odio que después multiplicó actos terroristas contra civiles en Europa, Estados Unidos, Lejano y Cercano Oriente. Cuando el líder de un país (Irán) que ocupa un sillón en Naciones Unidas escribe: “Israel es un tumor canceroso maligno en la región de Asia occidental que debe ser eliminado y erradicado: es posible y va a suceder”, incita, provoca y genera acciones de odio no sólo de sus seguidores sino de otros países que siguen sus pasos de fobia antisemita.
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