En la festividad de Janucá converge la oscuridad fenomenológica natural del solsticio de invierno, época de mayor oscuridad, con la histórica recuperación y reinauguración del Templo de Jerusalem, el mismo día que hacía tres años, Antíoco Epifanes se había apoderado de aquella ciudad. Dicha epopeya se celebró durante ocho días, siendo tan grande el gozo por la libertad religiosa recuperada, que se estableció por ley su conmemoración anual. Desde entonces y hasta la actualidad celebramos la Fiesta de las Luminarias.