La estructura política y cultural de Egipto no es tan diferente de la del antiguo imperio faraónico de 4.000 años atrás, aunque la modernización vaya transitando un lento, sinuoso y desigual camino en el mundo, hoy cultural y comunicativamente más amplio que aquél. ¿Cómo no festejar entonces que una rebelión popular termine acorralando a un tirano corrupto y criminal que ejercía la totalidad de los poderes hasta su renuncia final?